Una vez me dijeron que un texto te deja de pertenecer en el momento en que lo rubricas con el punto final. A partir de ahi pasa a ser propiedad de quienes lo leen. Y cada uno tiene su propio texto. De ser cierto tengo que pedirte comprensión, algo de cariño, paciencia y buen humor cuando no pienses como yo...que será en muchas ocasiones.Espero que este blog sea un humilde homenaje a aquellas reuniones nocturnas de nuestros abuelos; leoneses que compartían vivencias y opiniones al calor de la lumbre.
Bienvenido a este lugar que ya es de los dos.

domingo, 3 de mayo de 2009

DANDO GUERRA



Nos gustan las guerras. A ti no. Ni a mí. A los hombres, a la humanidad en general, digo. Somos así de gilipollas. Algo deben tener que las llevamos haciendo desde que nacimos. Las guerras son muy jodidas. O eso creo yo, que las he visto de lejos, por la tele; de oídas, que me las ha contado mi padre que no vivió ninguna. Te pegan tiros, matan, violan a tu madre, asesinan niños…que son jodidas vaya. Últimamente no tanto, parece ser. O eso o que no hay guerras. A mí, tonto que soy, me habían contado que las guerras las hacían los soldados. Pum, pum, crash los de un lado; cañonazo va, hostia que te crio los del otro. Ahora no. Los soldados ya no ejercen, están jubilados, Se dedican a labores humanitarias, poner tiritas, desatascan tuberías, pujan vírgenes en romerías, cualquier día, si te dejas, te planchan la ropa.


Viene esto a cuento de la imbecilidad a la que nos someten las teles, los anuncios, los periódicos acerca de cómo en el Ejército se hace de todo menos pegar –recibir- tiros. Cuentan también que en la guerra te preguntan antes de que te disparen. Un mojón de mastín leonés. A mí no me han contado nada de eso.


Leí el otro día a un tipo que sí conoce las guerras de cerca, tan de cerca que ha estado en ellas. Contaba el hombre que lo que no se puede es engañar a la gente. Si no estás a favor de las guerras y no eres un hipócrita, desarma el ejército y deja de vender armas a otros países. En caso contrario, cuando te toque ir a la guerra agachas la cabeza, te jodes y apoquinas. Entiendo el dolor de las familias, porque el miedo es el sentimiento más humano. Lo que no entiendo son los soldados que se quejan de ir a las guerras, o a los tertulianos que lo hacen por ellos. En su sueldo, el mayor epígrafe pone guerra y el segundo miedo a la muerte. Como si el albañil se quejará por tener vértigo cuando está a 100 metros de altura sobre dos hierros mal puestos. Pero claro, al albañil le cuentan a lo que va. Al soldado le dicen que va a conocer mundo, trabajar para una oenegé y a la gente nos cuentan que nuestros soldados solo tocarán una escopeta para hacer prácticas. Tabién nos visten todo con palabras como humanitarismo, daños colaterales, victimas civiles y cuantos eufemismos se les ocurren a los hijos de Goebbels


Luego pasa lo que pasa. España se apunta a una, por las razones que sean, y nos echamos las manos a la cabeza. Ay mamá que las balas son de verdad. Un tiro sale desviado –o no- y algún periodista no regresa vivo. Pues sí, es los que tienen las guerras. De repente, nos despertamos del estado ese de imbecilidad con el que nos han comido el tarro a base de bien. Nos sueltan eufemismos y nos explican que una guerra es de todo menos perjudicial para la salud. Que el tabaco mata pero las guerras son excursiones con kalashnikov de atrezzo.


Antes también te vendían la burra para que te apuntaras al ejército, incluso a la guerra. El honor, tu gente, la patria, la soldada, conquistar tierras vírgenes y vírgenes sin tierras. Al menos todo aquello era cierto.

sábado, 2 de mayo de 2009

GLORIA AL VENCIDO


Fue el mejor espectáculo del mundo, un duelo al amanecer sin miedo ni piedad; dos equipos que se jugaban la Liga volcados en cada acción, a campo abierto. Incomparable, inconmensurable.


Ganó el Barcelona porque tenía que ganar. El Real Madrid puso el listón muy alto, le pidió a los de Guardiola su mejor versión y estos se la dieron ampliada a noventa minutos; una lección de cómo jugar a este deporte para ganar y maravillar. Me quedo con el Madrid, me apetece hablar de ese equipo. Hay gestas que necesitan no conseguir premio para convertirse en leyenda: la heroicidad del caído que ya confunde la sangre del enemigo con la suya propia y que sigue blandiendo la espada de rodillas. Hay maneras de ganar y maneras de perder, el Madrid ayer encarnó las virtudes de los mejores guerreros: honorabilidad, pasión, esfuerzo, lealtad a sus compañeros, incluso reconocimiento a los vencedores. Ha sido encomiable esa pelea suicida, kamikaze, del Madrid de los últimos meses, peleando con piedras, hachas y toda la fe del mundo.

Me quedo con Raúl, un tipo que nunca me ha sido simpático. Él, que es tan español como la tortilla de patata, se quedó, por méritos propios, sin cumplir el sueño de levantar la Eurocopa con La Roja. En vez de arruinar su carrera posterior reaccionó con bravura y casta. Él, que lo ha ganado casi todo, que está de vuelta, que tiene más dinero que algunas plantillas enteras de Primera División; él, que ya es una leyenda, sigue levantándose cada día para jugarse el físico en cada balón. Sus compañeros hablan de Raúl como un ejemplo a la hora de correr, pelearse, trabajar o entrenar y tienen razón.


Ha sido una persecución heroica, bonita por lo que tiene de ejemplar, épica por lo descompensado, indomable por la raza e intrépida cuanto más rocambolesca y cuesta arriba se colocaba. Me gusta del Madrid su fe, su forma de caer derrotado, dejándose cada gota de sudor sobre el tapete. Me gusta su rabia encendida, ganando partidos a base de coraje, sabedor que no podía hacerlo de otra forma. Me gusta que tipos que conducen un Ferrari se dejen la piel en una remontada imposible. Sobre todo al compararles con otros más cercanos, incapaces de dar una patada a un bote y que se creen tocados por la varita del dios del fútbol. Me gusta ver a Higuain gritarle al mundo que nada es imposible y creer en las posibilidades propias como si fueran ilimitadas.


¿El ganador? El reino del Barcelona no es de este mundo. Toca disfrutar de un equipo maravilloso, artista siempre y al que la inspiración siempre le pilla trabajando.

viernes, 1 de mayo de 2009

ERA LO MISMO...

Nota su cuerpo empapado de sudor. Se mira al espejo y no se reconoce. Cada músculo de su anatomía es un resorte en plena extensión, aprieta los dientes cuanto puede, como si al abrir la boca se le fuera a salir toda la furia contenida. Mira al cielo y solo ve cemento, un cemento gris que parece se le vaya a caer encima de un momento a otro. No es cemento, es ansiedad; esa que te aprieta la garganta y te oprime el pecho, que no te deja respirar ni sentir. Mira a su alrededor: tipos en su mayoría desnudos que ha conocido hace solo unos meses; llevan la palabra miedo tatuada en la frente y los ojos inyectados en adrenalina pura. Le gustaría estar en cualquier otro lugar, fuera de todo esto…pero tampoco se cambiaría por nadie. El ambiente huele demasiado cargado, es un olor tan asqueroso que prefiere pensar que no es real. Su corazón bombea sin control, dando la sensación de atravesar el pecho en cada embestida. No logra mantener el control sobre todos sus músculos, algunos se convierten en autómatas, guiados por un pánico invisible pero que se nota, se siente, todos saben que está ahí; acechándoles. Oye un rugido febril, ensordecedor sobre su cabeza, en su cerebro se convierte en un zumbido molesto tamizado por sus oídos. A su lado solo hay gritos; algunos de miedo, otros de esperanza, otros apelando a la masculinidad…

Pudo ser en Roma, minutos antes de salir a la arena del Coliseo. Es Madrid, un 2 de Mayo de 2009. Era lo mismo…

viernes, 17 de abril de 2009

HABLANDO CLARO SE ENTIENDE LA GENTE


Hace unas fechas fui a Valladolid al Congreso de sus Nuevas Generaciones. Fui atraído por un supuesto cóctel imaginario que nunca apareció; pero, sobre todo, por ver a algunos buenos amigos y escuchar en directo las perlitas de un tipo que para mí ha sido un ejemplo hasta que se jubiló. El cóctel, como digo, no apareció y las perlitas, tampoco. ¡Qué decepción! Pues no, la verdad que no. Venían tiempo atrás hablando de una ponencia que tenían como oro en paño, que expresaba verdades como puños y que pretendía ser eso mismo, puños en las mentiras de algunos.


"Ya están exagerando estos pucelanos" pensé yo convencido. Por aquí siempre hemos tenido a los chicos -y a los no tan chicos- de Valladolid como gente melindrosa, algo timoratos, mingafrias en el peor de los casos. Con el tiempo pensé que sería otra estrategia publicitaria para atraer gente a su Congreso, como lo del cóctel. El paso de los días me trajo la ponencia vía internet, a las tantas de la madrugada y con uno de los artífices en la sombra comentándome cada punto, haciéndome de Cicerone a través de las líneas. Lo cierto es que el mapa no necesitaba guía, se entendía por sí solo, hablaba claro y directo, quizá como nunca antes había escuchado hablar a alguien en política. Algunas de las cosas que decía llevaban la contraria a mis ideas, es lógico, en otras no estaba de acuerdo con la forma de expresarlo, es normal. Sin embargo, al acabar de leerlo, de un tirón, no pude menos que dar un aplauso virtual a la persona que me lo había hecho llegar. "Estas son mis ideas, ahí las tienes, no tengo otras, no pienso cambiarlas porque son mías, espero que las compartas, en caso de que no sea así, te respetaré y dialogaremos sobre ellas" parecía decir todo aquel escrito. Un golpe, un puñetazo a todos aquellos que viven sobre mentiras y tópicos obsoletos, pero sobre todo un verdadero KO a los funambulistas políticos que usan las ideas y las siglas para balancearse de unas a otras hasta siempre llegar a su objetivo.


Llegué a Valladolid -tarde, como siempre- conociendo lo mejor de su Congreso, sin embargo, aún me gustó más ver como un chico al que no había visto en mi vida hablaba emocionado de sus amigos y sus ideas, las mismas que yo había estado leyendo unas noches antes. El tipo hablaba con determinación, con conocimiento, se le notaba nervioso pero, sobre todo, se le notaba que creía aquello que estaba diciendo, por eso no tuvo ningún problema durante la intervención que dio a lo largo de más de diez minutos. Faltaba ver al nuevo presidente, a ese ya le conocía de antes y sabía que lo haría bien, fue una buena rubrica a un Congreso de gente que le dio una lección a los timoratos con una catarata de ideas claras

TINTA FRIA



Siempre me han interesado los medios de comunicación. Creo que ya hace mucho tiempo dejaron de ser el cuarto poder para ocupar un peldaño superior en cuanto a relevancia. En España, ya durante la I República con la proliferación masiva de diarios –algunos duraban días, especialmente en Cataluña- y, por supuesto, con la llegada de internet y el auge de los mass media.


Funcionan como altavoz del mensajero; un altavoz que selecciona extractos, opina, sintetiza a su manera, maquilla, deforma y hasta ridiculiza en algunos casos. Todos somos conscientes del poder de los medios. Ya nadie - ningún personaje público, se entiende- habla persona a persona con la sociedad, no se dirigen de forma directa a sus votantes; el canal ha cambiado. Es la gran perversión de la democracia: a quien más favorece es a los medios de comunicación. Una buena campaña mediática puede culpabilizar a un inocente, convertir a un candidato en elegido, hacer dimitir ministros o presidentes de clubes de futbol. Ninguna declaración nos llega sin haber sido previamente modulada por los mass media; la ventana global ha llegado.
Por eso hoy me quiero detener en los medios escritos leoneses, en dos en concreto. No voy a entrar a hablar de partidos, ni de instituciones, siglas o personas; ni siquiera de esos medios en concreto porque ambos sufren un mal común


Quede dicho, de forma previa y a modo de prólogo que inunde todo el texto, mi total admiración y reconocimiento a los excelentes profesionales de los periódicos leoneses. Gente que trabaja de sol a sol –cuando llueve también-, pegada a un ordenador y un móvil, que no son tratados con el respeto que merecen, ni recompensados de forma justa a su labor y esfuerzo.
Hace tiempo los directores o propietarios de los medios eran controlados por las instituciones públicas a través de la publicidad. Quien necesite un ejemplo sobre esto que consulte la “era chavista” en Andalucia.


La publicidad siempre ha sido el caballo de batalla de un diario local donde pocas grandes empresas están dispuestas a estampar su logo y donde las pequeñas firmas provinciales carecen de recursos. Por ello, no es desdeñable el control ejercido por cargos públicos a los medios mediante el uso de la publicidad.


De un tiempo a esta parte se han instalado en los diarios una nueva clase de jefes. Jefes a los que las únicas letras que les interesan son las de las licitaciones de obras. Con ellos muchos peligros y un control mucho más exhaustivo por parte de las instituciones. Estos jefes de ladrillo y grava han convertido los diarios en horas parroquiales, casi publicitarias de sus empresas matrices. Sirven de látigo de infieles –a la matriz se entiende- y de palmero para los más fieles. Los periodistas bajo sus órdenes quedan convertidos en meros picateclas porque la línea editorial es tan clara y tajante que no conviene salirse una letra. Y por si fuera poco está la crisis, la maldita crisis que azota con viento huracanado todo cuanto se mueve, la crisis que obliga a agudizar el ingenio o la mala leche. Algo así ha pasado en los medios, donde cualquier excusa económica es buena para reducir plantilla, apretar filas o darle otra vuelta de tornillo a la de por si dura línea editorial.


Entre medias cada vez menos lectores deciden bajar de casa, acercarse al kiosco, pagar un euro y llevarse el periódico a casa. Saben que van a leer sesenta páginas de publicidad encubierta. Más aún sabiendo que todo lo tienen a un solo click en su casa. Corren malos tiempos para la tinta. Por eso, es de agradecer cuando en internet Soplan nuevos aires frescos y renovados.
Vuelvo al principio y termino con una anécdota no significativa. Me preocupa sobremanera el papel de los medios, cada vez hay menos espíritus libres dispuestos a buscar la Verdad de la verdad. Cada vez hay más personas que por falta de tiempo y ganas se quedan atrapados en la verdad de los medios, un granero perfecto para advenedizos del ladrillo dispuestos a encontrar amplios mercados.


Cada vez más estamos en poder de los medios –valga o sirva la redundancia – que mediatizan lo que ocurre, lo adaptan, matizan y nos los sirven para nuestro consumo rápido, fast food en toda regla. Es duro ver que, quizá, lo más decisivo de las pasadas Generales fue que RZ daba mejor en pantalla y miraba a los ojos…de la cámara.


Cuentan que, en otros tiempos ya lejanos, la primera pregunta que recibió el arzobispo anglicano al llegar a Nueva York fue sobre la situación de las prostitutas en NY. Sorprendido, el sacerdote contesto: “ah… ¿hay prostitutas en esta ciudad?”. El titular de los rotativos del día siguiente versaba sobre que el arzobispo anglicano de Washington había preguntado, nada más poner píe en la ciudad, si había prostitutas en ella.

UN GOBIERNO EN CRISIS


Nunca la palabra crisis sirvió para definir mejor, de forma más certera, ni precisa, ni evocando tantos matices las remodelaciones ministeriales como la sufrida por el Gobierno unas fechas atrás. Lo del Gobierno de Zapatero no es un cambio, ni una remodelación, ni siquiera una desaceleración o cambio de ritmo; es una crisis con mayúsculas y en letras rojas, como los números de su gestión.


Nos desvela dos cosas su crisis de Gobierno. Por un lado el pasado, su segunda legislatura ya se puede calificar de fracaso en la gestión y cumplimiento de objetivos tan solo a un año de comenzar: todo un récord. Por otro lado el futuro. Aquella P negra de ZP, negra augurando el futuro de España, se empieza a caer. Con ella se van los Bernat, Cabrera, Malenis, el furtivo o el ministro cansado de no ejercer. Ya solo queda una Z roja, muy roja; roja de sectario y partidista, maniquea, victimista, trasnochada, felipista en los malos modos. Roja como los son políticos fracasados al estilo de Chaves o Trinidad Jiménez. El primero arrastró en su caída a toda una comunidad autónoma, resucitó las taifas en España mientras servía de ejemplo de cómo formar una red clientelar. A la otra los madrileños no se lo permitieron. González Sinde creo que es un fichaje de Rajoy, quiero creer que el presidente del Gobierno no es tan torpe, quiero creer que es un gol que le han metido. Lo que creo seguro es que esa ministra nos va a dar muchísimos votos, al tiempo.


Me gusta Pepe Blanco, creo que es una persona muy capaz y válida, lo digo en serio. Le considero artífice de las victorias de ZP, con mucha suerte y malos modos eso sí. Creo en él como un vendedor de coches usados que conseguido que la mayoría de españoles viesen un Ferrari donde sólo había un cuatro latas. En el pecado lleva la penitencia y mis miedos. Cada uno vale para su labor y cometido. Ser buen vendedor/publicista/estratega/político de raza no implica ser buen ministro de Fomento, casi al revés diría yo. En Fomento se buscan tecnócratas, gente sin pulso ni vocación política., altos funcionarios que tracen redes viarias, firmen proyectos y ejecuten con diligencia sin estorbar demasiado. En ese flanco perderán la batalla. La retirada del mariscal de campo socialista para meterle en plena refriega va a pasar una muy alta factura al PSOE.
Decía que se cae la P y nos queda una Z roja y solitario, metáfora perfecta de lo que viene. Metáfora perfecta de este nuevo Gobierno. Los sondeos, los últimos resultados electorales, la gente no perdona a un gobierno que miente. Y todos tienen fresca en la retina la imagen de Zapatero tratando de camuflar la crisis con palabras que se las llevaban las frías ventoleras de datos al día siguiente. Esa es la verdadera crisis de Zapatero, la que de verdad le duele y amenaza con dejarle en la cola del paro del Congreso de los Diputados, la misma que ocupaba hace ya un lustro.


Por nuestra parte sólo queda esperar, ayudar en lo poco que nos dejen, pedir la confianza a los españoles y solucionar una vez más los problemas que ha generado la rosa marchita. Quizá ahí radica nuestro problema y el de España: el PP se ha convertido en un paraguas o en un bunker – según caiga- que sirve de refugio cuando vienen muy mal dadas, como si no sirviéramos para las situaciones en que el viento sopla a favor. Urge cambiar esa idea porque no refleja la realidad. Quizá necesitemos un Pepe Blanco para ello; pero como vendedor de coches y no como ministro de Fomento.

lunes, 30 de marzo de 2009

EN DEFENSA DE LOS POLÍTICOS


Como todas las facetas de la vida, profesiones y oficios incluidos, la política es un mundo poliédrico. Estamos acostumbrados desde fuera a ver la cara amable, el mejor lado de cada una de esas profesiones. Las series nos muestran a periodistas a la caza de importantes exclusivas, médicos salvando vidas en el último instante, policías en arriesgadas operaciones de las que siempre salen ilesos y victoriosos. Por supuesto que todos ellos son jóvenes, guapos, ingeniosos y muy divertidos. Nadie nos habla de los sueldos ínfimos, los peligros a la vuelta de la esquina, las guardias interminables o las noches en vela previas a cada examen antes de llegar a ejercer.

Algo similar sucede con la política. Los medios de comunicación se encargan de mostrarnos a personajes alejados de los ciudadanos, rodeados de toda clase de lujos y prebendas, nada es suficiente para ellos. Devoran suculentos platos en los mejores restaurantes, viajan en lujosos coches, tienen a su disposición los mejores medios, los ayudantes más eficaces, por no hablar de sus fastuosos despachos. Sólo es una cara del poliedro, una cara minúscula y vista desde un lugar injusto que nos deforma la realidad hasta convertirla en una obra del mejor Valle-Inclán. Con todo, esa minúscula e injusta cara son solo unos pocos, un pico del iceberg que forman los miles de ciudadanos que se dedican a la política como cargos públicos o de partido; personas que gracias a sus férreas convicciones e ideas honran la profesión e incluso la vocación convertida en hobbie.

Hay quien, de forma errónea, se introduce en política buscando lo que le venden los medios de comunicación. Duran poco. Buscan algo que no existe y lo que encuentran es sacrificio, abnegación, trabajo, mucho trabajo, una ingente maquinaria que funciona por detrás de las sonrisas y los abrazos, de los slogans y los atriles, incluso de unas luchas por el poder que les son totalmente ajenas. Incluso, una buena parte del iceberg, aquellos que son alcaldes y concejales de municipios pequeños, sin duda los más abundantes en España, deben congraciarse más con los sinsabores que con las alegrías, con el duro trabajo que con las mieles del éxito político. Pocos alcaldes pisarán moqueta cada día bajo sus pies, casi ninguno pronunciará inmortales discursos, no vivirán bajo los focos de las televisiones. Eso sí, seguro que les suenan jornadas maratonianas de trabajo, quemar motores de coches a base de hacer girar cuentakilómetros, convertir el teléfono móvil en un apéndice de su anatomía, patearse cada centímetro del pueblo, conocer todas las inquietudes y necesidades de los vecinos. Pregúntales la forma de hacerte escuchar ante el más intransigente o tratar a quien te odia con el mismo cariño con el que tratas a un hijo; seguro que de eso si son capaces de dar una clase maestra. Ser alcalde es trabajar de 8 a 2 en una oficina, atender los asuntos ayuntamiento, organizar la feria de tu pueblo durante toda la tarde, la noche y parte de la madrugada, ser el primero en abrir el recinto a primera de la mañana y ser quien cierre cuando todo termine. Entre medias regalar sonrisas, repartir abrazos, recibir críticas y atender a los que pisan sobre moqueta con el máximo mimo porque en juego están todos y cada uno de los intereses de tus vecinos.


Nadie le dice a los jóvenes que la política es un duro camino plagado de espinas y baches, un camino que solo se recorre con voluntad de hierro, con inquebrantables valores e indestructibles lazos de amistad. Esos jóvenes, esos alcaldes, esos concejales, esos rostros anónimos que llenan mítines y pegan carteles...esos son los que hacen grande la política.

P.D.: a la persona que me inspiró este texto y me enseñó lo que es de verdad la política.

EL LEÓN QUE VINO


Todos los leoneses recordamos, para nuestro infortunio, el célebre lema con el que Paco Fernández nos obsequió los oídos. Un lema que le sirvió para entrar en la planta séptima del Consistorio apoyado en dos muletas llamadas Pardo y Chamorro.


“El León que viene” era su frase de cabecera, la que diseñaron sus jefes de campaña, hoy convertidos en Jefes de León. Hablaban de una ciudad endeudada, antigua, anquilosada, mal gestionada por Mario Amilivia. Prometían todo lo contrario, aderezado con un poco de leonesismo rancio y trasnochado, ese leonesismo de pancarta y victimismo que nos hace sentir como mendigos reclamando limosna a la puerta de nuestra Pulchra.


Hoy, casi dos años después de que los ciudadanos leoneses confiasen la gestión de su tesoro más preciado a Francisco Fernández, el resultado no puede ser más evidente. Ni más decepcionante para los que, de forma equivocada, confiaron en él. No les culpo, un embaucador siempre goza de una primera oportunidad, rara vez tiene una segunda, no debe tenerla nunca.


El León que viene es el León de Francisco Fernández. Un alcalde que cuenta sus días por errores, sonados escándalos, despropósitos, desgobierno y embustes a cada cual mayor.El León que ya vino es el León sin alumbrado, con parques descuidados, con calles repletas de basura, sin mejoras, edificios abandonados, patrimonio turístico que parece administrado por nuestra competencia… La mejor prueba de la no labor socialista es dar un paseo por León, máxime ahora que nos visita puntual la primavera. Esta no es nuestra ciudad que nos la ha cambiado. Y tanto. Nunca se vio un León tan gris, tan sombrío, tan apagado…casi tan apagado como el alcalde.


Un Fernández que ahora le ha dado por privatizar, casualmente lo único que da saldo positivo en nuestra ciudad. ¿No sabe sumar o hay gato encerrado? Suena sospechoso, tanto que su número dos le deja tirado por coherencia y honradez.


Fernández decía, prefiere estar a otras cosas. Primero a tomarse revancha con los más débiles, ya se sabe aquello de “fuerte con los débiles y cobarde con los poderosos”. Por la puerta principal salen honrados trabajadores municipales despedidos para que entren otros menos trabajadores por la puerta de servicio. Clientelismo puro y duro.


También está Fernández a sus cosas que nunca son las nuestras. Sus cosas son los empresarios de altos vuelos, los que hacen correr ríos de tinta virtual y con los que tenía una deuda que ya está bien pagada. Nunca un alcalde lo fue de tan pocos ni en contra de tantos. Fernández está out, missing, fuera de cobertura cuando no apagado.


Un tipo extraño este Fernández, al que antes de haber llegado ya le están buscando sustituto, un caballo Blanco con muchas manchas negras. Este es el León que vino…y se irá, añado yo. Un León gobernado por un alcalde oculto, pusilánime, sin pulso, sin ganas, sin actitud ni aptitud. Un León en el que todos los cambios siempre han sido para peor. Si este es el León que iba a venir…vete pronto y no vuelvas. Por nuestro bien.